El salario mínimo en España vuelve a cambiar: cuánto sube y cómo impacta realmente en la economía

En 2025, España ha vivido una nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), un cambio que no solo afecta a millones de trabajadores, sino que también tiene repercusiones significativas en la economía nacional. En este artículo analizamos cuánto sube el SMI, quiénes se benefician, qué desafíos fiscales plantea y cuál es el impacto real en el consumo, el empleo y la desigualdad.

¿Cuánto sube el SMI en 2025?

El gobierno español ha aprobado un incremento del 4,41 % del SMI para el año 2025, lo que representa un aumento de 50 euros al mes en 14 pagas, llevando el salario mínimo a 1.184 euros brutos por mes en 14 pagas, es decir 16.576 euros al año.
La subida tiene carácter retroactivo desde el 1 de enero de 2025, lo que implica que los trabajadores recibirán el ajuste en nóminas posteriores al anuncio oficial.

Según el Ministerio de Trabajo, esta medida beneficia alrededor de 2,4 millones de personas, especialmente mujeres y jóvenes. Además, un 31 % de los perceptores trabaja en el sector de la agricultura, y el 65,8 % son mujeres, lo que refleja la estructura del empleo más vulnerable en el país.

Fiscalidad: el IRPF como gran novedad

Una de las consecuencias más destacadas de esta subida es que parte del aumento del salario mínimo estará sujeta al IRPF. Hasta ahora, muchos trabajadores con SMI se encontraban exentos de pagar este impuesto, pero con la nueva cifra anual de 16.576 euros, se supera el umbral previo exento, que estaba en 15.876 euros.
Según estimaciones, alrededor del 20 % de los perceptores del SMI, es decir, unos medio millón de trabajadores, deberán tributar por IRPF tras la subida.
Esto significa que no todo el “incremento nominal” de 50 euros se traducirá de forma íntegra en el bolsillo del trabajador: parte será absorbida por retenciones fiscales.

Efectos sobre el poder adquisitivo

Para quienes cobran el SMI, esta subida representa una mejora real de ingresos, pero no exenta de matices. Por un lado, el alza de 50 euros al mes (700 euros al año) aporta un refuerzo al poder adquisitivo de los salarios más bajos.
Por otro lado, el impacto se ve moderado por el hecho de que algunos trabajadores deben pagar IRPF, lo que reduce la ganancia neta real. Además, el ajuste no beneficia por igual a todos los sectores y regiones.

Impacto en la economía y el empleo

Consumo interno

Uno de los efectos más positivos de subir el SMI es su potencial para estimular el consumo interno. Cuando los trabajadores con salarios bajos tienen más poder adquisitivo, es más probable que gasten en bienes y servicios, lo que puede impulsar la demanda, especialmente en sectores de menor valor agregado pero gran peso social, como el comercio minorista, la hostelería o la agricultura.

Este efecto key se alinea con políticas de redistribución salarial que buscan equilibrar la desigualdad y dinamizar la economía doméstica.

Desigualdad

La subida del salario mínimo también tiene un componente redistributivo importante. Según datos oficiales y análisis recientes, el SMI ha crecido de forma acumulada alrededor de un 61 % desde 2018, lo que ha contribuido a reducir la desigualdad salarial.
Al elevar los ingresos de los trabajadores más vulnerables, se fortalece el salario mínimo como herramienta de justicia social, ayudando a proteger a quienes tienen menos recursos y a garantizar un ingreso mínimo digno para los hogares más frágiles.

Empleo: ¿riesgo de destrucción o incentivo?

Uno de los grandes temores frente a la subida del SMI es que pueda provocar una destrucción de empleo: si las empresas ven aumentados sus costes laborales, podrían reducir plantilla, automatizar procesos o ser menos competitivas.

Sin embargo, los estudios más recientes ofrecen un panorama más matizado. Por ejemplo, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha analizado el impacto microeconómico del SMI y señala que, aunque ha habido un incremento salarial muy significativo desde 2018, el crecimiento en términos reales (descontando la inflación) no ha sido tan pronunciado.
Esto implica que el aumento del SMI no ha sido tan drástico en poder de compra como podría parecer a primera vista, lo que podría moderar los efectos negativos sobre la creación de empleo.

Además, algunas empresas podrían ver el incremento como un incentivo para mejorar la productividad o para retener talento, en lugar de recortar empleo, especialmente si la subida es gradual y se acompaña de diálogo social.

Retos y críticas

A pesar de los beneficios sociales, esta nueva subida del SMI no está exenta de críticas ni desafíos:

  1. Carga fiscal: como ya se ha señalado, una parte de la subida va a parar a Hacienda. Algunos trabajadores se quejan de que, tras retenciones, apenas notan mejora neta.
  2. Diferencias por convenio: no todos los convenios colectivos se ajustan inmediatamente a los cambios del SMI, lo que puede generar tensiones entre trabajadores y empresas. En algunos sectores con bajos márgenes, el aumento podría ser difícil de absorber.
  3. Sostenibilidad a largo plazo: aunque el SMI ha subido más del 60 % desde 2018, algunos analistas se preguntan si este ritmo es sostenible en empresas pequeñas o medianas, sobre todo si la inflación no acompaña o los ingresos no aumentan al mismo ritmo.
  4. Competitividad: para algunos empresarios, una subida del salario mínimo podría encarecer la producción, especialmente en sectores intensivos en mano de obra, lo que podría afectar la competitividad internacional de ciertos productos o servicios nacionales.

¿Es una moda o una política estructural?

Lejos de considerarse una simple moda pasajera, la subida del SMI en España parece parte de una estrategia estructural para reforzar el tejido social, reducir la desigualdad y fortalecer el mercado laboral de baja remuneración.

El hecho de que el aumento haya sido pactado con los principales sindicatos (CCOO y UGT) y que tenga efectos retroactivos muestra un compromiso político real. Además, organismos independientes como la AIReF participan en los análisis, lo que da mayor rigor técnico a la medida.

A medio y largo plazo, este tipo de políticas puede consolidarse como un pilar esencial para mejorar la calidad de vida de millones de trabajadores, siempre y cuando se acompañe de medidas que garanticen la creación de empleo, la formación profesional y la competitividad empresarial.

Conclusión

La subida del salario mínimo interprofesional en España en 2025 —hasta 1.184 euros brutos mensuales en 14 pagas— supone un paso importante para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores más vulnerables. El aumento del 4,41 % beneficia a millones de personas, pero también introduce un nuevo escenario fiscal, ya que parte del incremento estará sujeto a IRPF.

En términos económicos, el alza del SMI puede impulsar el consumo interno y reducir la desigualdad, pero también plantea desafíos para algunas empresas con márgenes estrechos. El análisis técnico sugiere que los efectos negativos sobre el empleo podrían estar contenidos, especialmente si se produce de forma gradual y acompañada de diálogo social.

En definitiva, esta nueva subida del SMI parece más una política estructural que una moda pasajera. Si se gestiona adecuadamente, puede contribuir a una economía más justa y resistente, aunque no está exenta de riesgos que exigirán seguimiento y ajustes.

Por Nicolas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *